un cerebro en una tabla de madera y un cuchillo, bolsa ziploc, tira de papel con pegamento, plumón indeleble, refrigerador.
Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.
El cerdo de mí dice ‘mmm’
La hucha de ti dice, más
El jarrón de mí dice, ya
El pozo de ti dice, en la boca
El niño de mí dice, hola
La madre de mí dice, no te acerques
El joven de mí no sabe dónde ir
El peatón de mí es una hormiguita
El señor de mí dice, a trabajar!
El motor de mí solo quiere bailar
El melón de mí lo sabe todo
El lince de mí dice, no preguntes
El bueno de mí no se entera
El malo de mí se ha escondido
El pueblo de mí es inmortal
El viejo de mí dice, moriréis todos los jóvenes
Vayan pasando, os espero aquí.
(Fuente: detrasdecuerdas, vía where-is-my-clock)
(Fuente: poesianoerestu)